La religión favorece las experiencias de:
- respeto a las diferentes situaciones entre la persona y Dios;
- encuentro entre la persona humana con sus limitaciones y Dios que nos ama como somos;
- acogida de la verdad y del bien que late en el corazón de cada persona;
- fe acogida y correspondida;
- propuesta de un camino personal de santidad.
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